A vueltas con las multiplataformas

Desde hace un año estamos viviendo una serie de transformaciones importantes, unas han venido dadas y otras han sido provocadas. Los webinars o seminarios web, las videoconferencias, o las clases online han proliferado como champiñones en el campo. No sé si se puede hacer algún cálculo estadístico de la cantidad de horas emitidas en cursos online que se han visto de manera sincronizada y la cantidad de horas que se han visto posteriormente. Igual, todavía queda algún o alguna «profe» que no haya participado en alguna de ellas. Quien más quien menos ha participado en varios de ellos.

Con la aparición de una nueva app como Club House, con la puesta a punto de los chats de voz 2.0 de los grupos de Telegram y las nuevas salas de audio de Twitter se puede participar, de manera sincronizada, en salas conversando sobre diferentes temas educativos, lo cual ha añadido un nuevo interés por los podcast (Telegram permite grabar estos conversatorios) y por el placer de escuchar estos diálogos modo de radio online.

Sin embargo, no tenemos tiempo para tanta sincronía, ni nos da la vida para ver o escuchar todo lo que se emite. Solo nos queda, si se tercia, guardar, etiquetar, catalogar y programar con sabiduría la manera de volver sobre ello. Necesitamos un desintoxicación informativa, serena y calmada, sin miedo y sin procesos reactivos que nos ponga en guardia ante la tecnología y los peligros que acechan en las redes sociales.

No sé, no me acuerdo o quizás estoy imbuido de registros que han ido nublando mi memoria y tengo que hacer esfuerzos para quitar algunas capas de incertidumbre pandémica. Pero las multiplataformas ya existían antes del 12 de marzo de 2020, también teníamos cierto grado de infoxicación y surfeábamos entre páginas web, videoconferencias o webinars, con igual o mayor intensidad que ahora. Ahora lo que nos ocurre es que todavía no se nos ha quitado el miedo, la incertidumbre y el shock producido por algo que no lo esperábamos. Ni siquiera nos imaginábamos que podría suceder algo parecido. Hemos comprobado que somos muy frágiles.

En estas circunstancias de dificultad lo que suele ocurrir es que se reafirman procesos que nos proporcionan una mayor seguridad. Cuántas ganas hemos tenido, y seguimos teniendo de contactar. Nuestro gen más primitivo nos pone delante lo más sencillo, y al mismo tempo lo más potente: queremos compartir, devolver miradas con empatía y continuar, que nos poco, con nuestra vida.

Mientras tanto, recordando una frase de Murakami que se ha vuelto viral en estos días, tenemos que esperar que pase la tormenta y cuidarnos unas a otras y otros.

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